jueves, 25 de febrero de 2010

Federalismo feudal, federalismo liberal

No suelo dejar reflexiones extensas en los blogs. Pero ví un post que realmente me llamó la atención, aquí: http://blogbis.blogspot.com/2009/04/tu-no-eres-quien-yo-espero.html

Copio lo que allí se dice:

Reacciones a este post de Carlos, en Facebook
Alicia Alvarez ha escrito a las 15:14 del 17 de abril Yo soy de las que espera que resucite Alberdi. Lo que hay me da asco.

Viky Tar ha escrito a las 16:50 del 17 de abril Yo tambien. No se es bueno por ser no tan malo como el malo.-

Fernando Brolese ha escrito a las 17:30 del 17 de abril No acuerdo con ustedes chicas, si la oferta es lo que hay, pensemos que parte de la culpa la tenemos cada uno de nosotros tambien.... aqui no esta el CHAPULIN COLORADO, aqui esta la realidad que somos cada uno de nos.. y para cambiar hay que PARTICIPAR, en los partidos politicos, las vecinales, los clubes , los Foros etc. solo una NUEVA FUERZA puede cambiar el Statu Quo de la vieja dirigencia. Trabemos el camino de esta dirigencia viciosa, trabajemos para EL CAMBIO....

Alicia Alvarez ha escrito a las 18:40 del 17 de abril Nueva Fuerza.... ese fue el partido más fracasado de Alsogaray...

Fernando Brolese ha escrito a las 18:53 del 17 de abril tenes razon ....

Pablo Ignacio Cattaneo ha escrito a las 23:12 del 17 de abril Yo espero que resucite Sarmiento, no Alberdi. Dejálo bien muerto con los conservadores del interior que él quería tanto. Y con su ataque a la educación pública.

Alicia Alvarez ha escrito a las 6:01 del 18 de abril ¿Cartas Quillotanas reloaded? NO señor, Sarmiento no, que era muy cabrón. Mejor Alberdi.

Pablo Ignacio Cattaneo ha escrito a las 8:57 del 18 de abril Lo que pasa es que el federalismo de Alberdi acaba siendo conservador porque se termina tutelando a la vieja derecha del Interior, de donde procede el peronismo provinciano.

Alicia Alvarez ha escrito a las 9:58 del 18 de abril Echarle la culpa a Alberdi del peronismo es como too much!!
Eso es como echarle la culpa del marxismo a Platón.

Pablo Ignacio Cattaneo ha escrito a las 17:38 del 18 de abril No dije eso. Quise decir que su federalismo es conservador porque es caro a la vieja derecha que rige en el Interior. Esta misma apoyó al primer peronismo por sus veleidades anti-democráticas y anti-modernas (el odio a la ciudad, a la clase media urbana, etc.) En efecto, el "nacionalismo federal" es de la misma inspiración que el peronismo. Por eso no debe sorprendernos que muchos caudillos tengan un origen familiar conservador "alberdiano".

Alicia Alvarez ha escrito a las 18:21 del 18 de abril Yo no veo ninguna raíz alberdiana en el peronismo. Ni conservadora. Ni nacionalista. Defender una concepción federal no es constituirse en el germen del peronismo.
Alberdi no tiene nada que ver con todo lo que mencionás. Y eso de que los caudllos del interior tienen un origen "alberdiano" es sencillamente un disparate (no te ofendas, porque ... Leer más no es mi intención). Conservadores serán algunos, feudales son todos. Y eso nada tiene que ver ni con Alberdi ni con el federalismo, ni con el liberalismo.
Creo que el antagonismo civilización-barbarie como unitarios-federales, Buenos Aires-interior, a estas alturas es como hablar de patriotas y maturrangos.

Pablo Ignacio Cattaneo ha escrito a las 18:22 del 18 de abril Yo creo que el eje sarmientino tiene vigencia. Y sin dudas la tenía en a época de Alberdi.
El federalismo en la Argentina no ha servido para proteger la libertad porque esta jamás surgió "desde abajo" como sucedió, más o menos, con la Confederación norteamericana.

Pablo Ignacio Cattaneo ha escrito a las 18:24 del 18 de abril Puse "alberdiano" entre comillas. El Alberdi que reivindican es el Alberdi romántico del Fragmento preliminar, que elogia a Rosas y se opone al dictado de una constitución "cartesiana", que no emane del "volkgeist". No es el Alberdi tardío, simpatizante de la generación del '80, que elogian los liberales...

Alicia Alvarez ha escrito a las 18:26 del 18 de abril El unitarismo o centralismo tampoco ha servido para proteger la libertad. Y lamentablemente es lo que de facto se ha dado desde la batalla de Pavón.
Lo que si te concedo es que Sarmiento vio claramente donde radicaba el problema: en que HAY QUE EDUCAR AL SOBERANO.
Pero eso también lo vieron Alberdi y Avellaneda, entre otros.

Alicia Alvarez ha escrito a las 18:29 del 18 de abril Alberdi no era simpatizante de la generación del 80, no tuvo tiempo. Eran los de la generación del 80 los que simpatizaban con Alberdi y con la generacion del 37 , a la que perteneció.
;-)

Pablo Ignacio Cattaneo ha escrito a las 18:31 del 18 de abril Ok, pero es un Alberdi más simpatizante del "materialismo" y empirismo anglosajón que el lector de los románticos alemanes.

Ethel Morandi ha escrito a las 4:06 del 20 de abril Quizá aquella generación tuvo verdaderos fundadores de la república que hoy no tenemos.. pero a poco interiorizarse en los proyectos, actitudes y corage que algunos dirigentes actuales tienen, creo que los hay valiosos y más de los que suponemos, incluso algunos que quizás todavia no se sumaron. Estoy a full con la CCívica, creo que es el camino correcto. Todo lo que podamos aportar para que las cosas mejoren, debemos hacerlo con compromiso ciudadano. De lo contrario, sólo hacemos catarsis.
Le sonrió
con los ojos llenitos de ayer
no era así su cara ni su piel
tú no eres quien yo espero.

Se quedó
con su bolso de piel marrón
y sus zapatitos de tacón
sentada en la estación.
Y aquí mi comentario:

Coincido con lo que dice Cattaneo. En la época de los enfrentamientos entre unitarios y federales, federalización era sinónimo de confederación (aquella que Dorrego había elogiado durante su exilio en Baltimore): los caudillos incluso defendían la existencia de ejércitos provinciales que cuidaran de sus intereses, acuñaban moneda, manejaban sus propias aduanas provinciales y contrabandeaban desde sus puertos (como hacía la firma Rosas, Terrero & Cía). También se oponían a la creación de un Banco Nacional porque se dedicaban a la usura, de un modo similar a los monasterios de la Edad Media, que eran instituciones bancarias poderosas de crédito rural, pero al mismo tiempo ataban de esta manera al campesino al propio monasterio constituido en señor feudal, y no defendían en absoluto las libertades civiles y políticas.

Los caudillos conservadores jamás abogaron por el marco institucional de una sociedad liberal, y cuando estuvieron en el poder (como Rosas), evitaron compartir los recursos de la aduana con el Interior. Por el contrario, la constitución rivadaviana no hizo sino anticiparse a muchas ideas de la Constitución del '53/60.

Alberdi, por su parte, fue un defensor del "federalismo feudal" del rosismo, que tendía a oponerse a la creación de la Nación y a mantener los privilegios localistas en contra de la vida de la Nación misma, como en su momento el viejo patriciado criollo había hecho con la política unificadora de Rivadavia, que tendía precisamente a crear la Nación.

Es un error de muchos liberales defender la autonomía provincial como salvaguardia de la libertad de los embates del gobierno nacional, en tiempos cuando federación era sinónimo de conservar la anarquía y feudalidad. Quienes creen que en el federalismo pre-constitucional se hallaba el germen de una sociedad liberal no ven el lado político del asunto.

La idea de un gobierno centralizado correspondía a las necesidades perentorias de cambiar la situación de un pueblo que aspiraba a salir del feudalismo. ¿Y cómo se saldría de él si se lo reforzaba con el pretexto de proteger a las autonomías provinciales?

La posición de Sarmiento, más progresista que aquella del noble tucumano Alberdi, arraigaba en los ideales de la línea de Mayo, de hombres como Belgrano, Castelli, Moreno, Rivadavia, Monteagudo...

Alberdi en muchos aspectos era una contradicción viviente. Él mismo se oponía a la educación pública e incurría en la contradicción de vindicar la educación laica (alejada de las discusiones metafísicas de la escolástica, y capaz de crear al "yankee sudamericano") y afirmar que la enseñanza debía ser privada (pues esto la habría puesto manos del clero, cuya mentalidad él desdeñaba).